La prensa en papel ve la luz al final del túnel

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Luisma

El ensayo que Albert Montagut nos ofrece, respaldado además por periodistas de renombre como Juan Luis Cebrián o Pedro J. Ramírez es, me atrevería a decir, necesario. El paso de la prensa en papel al periodismo digital es el tema que ocupa al autor a lo largo del libro titulado Newpaper –Cómo la revolución transforma la prensa-. La necesidad de una publicación de estas características se constituye en torno a un periodismo acomodado que quizás no ha sabido adaptarse como debiera, o mejor, cuando debió hacerlo, al inminente cambio que supuso la era digital desde sus principios. No es que una obra así llegue tarde, es que quizás, si los periodistas se hubieran adaptado a los tiempos desde el momento en que debieron hacerlo, nunca hubiera sido necesaria una obra de estas características, quizá un libro explicativo de cómo se dio el cambio del print al digital entre los profesionales de la comunicación y de la información, a modo de historia, pero nada más. La necesidad de publicar este libro existe porque todavía no se puede escribir el cambio, o al menos no el cambio definitivo.

Cuando Montagut repasa sus primeros pasos por la red, desde la dirección del diario ADN, igual que los de sus compañeros en ése y en otros medios, se pueden ver los miedos casi normales de alguien que afronta nuevos proyectos sin saber a dónde irán a parar. Y quizá hasta ese punto llegaron puntuales; me explico: los diarios llegaron a su versión digital al tiempo que debieron hacerlo seguramente, pero una vez llegados a ese punto, llegó el acomodamiento, el desorden, el descontrol y la falta de frescura a la hora de comunicar e informar. A día de hoy, y como consecuencia de las nuevas tecnologías, la red en general, y más concretamente blogs, redes sociales y plataformas en las que cualquier usuario puede informar u opinar, la información no tiene dueños. No es más válida por el simple hecho de venir de un periodista, por duro que suene. El periodista hace más válida la información en tanto en cuanto pueda ofrecer un punto de vista que no pueda ofrecer, per se, un ciudadano de a pie. Y eso quizás, es lo que falta en las redacciones de los medios digitales. Ése podría ser uno de los infinitos puntos de adaptación por los que tiene que pasar el periodista, en el camino que se le presenta entre el papel y la pantalla. Llegados a un punto en que todo el mundo informa y opina, es fundamental desmarcarse como periodistas y ofrecer algo que el resto no ofrezca, incluso marcar el territorio sabiendo que como profesionales de la información, ofrecemos algo que el resto no puede ofrecer.

En cuanto a la extinción de la prensa en papel, soy de los que piensa que no tiene porqué desaparecer por completo, por supuesto dejará de existir como la conocemos ahora, pero quizás otra solución sea que la prensa papel se adapte también a las nuevas tecnologías en lugar de dejarse arrollar por ellas. Quiero decir, a la larga será complicado que exista una prensa en papel publicada diariamente, pero no tiene porqué dejar de existir un periodismo en papel de publicaciones menos frecuentes que traten de darle otros puntos de vista a lo que se puede leer en la red, o publicaciones especializadas, que al menos de momento, no se han encontrado con el problema de que cualquiera pueda tratar esos temas.

Por otra parte, creo que un punto complicado en el paso del periodismo en papel al periodismo digital son las soluciones económicas, aunque ya existen medios para cobrar la prensa digital, no sé hasta qué punto pueden llegar a funcionar, por lo dicho anteriormente, cualquiera tiene acceso a información gratuita hoy en día, como para abonar un dinero a cambio de ella.

Una de las cosas que señala Montagut en su libro, dentro de la necesaria adaptación del periodista a los tiempos que corren, que es el periodista “Todoterreno”, una idea que es conocida por todos, y que algunos llaman súper periodista, una opinión que se está generalizando en la profesión, seguramente debido a los tiempos que corren, y con la que yo, personalmente, no estoy del todo de acuerdo. Si bien es cierto que, a más preparación, más posibilidades de trabajo tenemos, también considero que, si se mantienen las especializaciones dentro de la profesión, habrá más puestos de trabajo y se desarrollarán de mejor manera, puesto que a veces no se puede estar en todo.

Por último quiero destacar que según Montagut “no se puede ser amarillo, se ha de ser serio o entretenido, pero no amarillo”, y eso es algo que parece haber olvidado cierto sector (relativamente amplio) de la prensa del país, lo cual le hace flaco favor a la profesión.

Titulares:

  • Del papel a las pantallas, un camino complicado para el periodismo español
  • Periodismo renovado, periodismo adaptado
  • Montagut, un ejemplo de adaptación periodística
  • Newpaper muestra el camino a seguir
  • La nostalgia por el papel no conduce a nada
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