El poder de la información vs la información del poder.

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Carlos Semp

La idea de cambio en el mundo periodístico que Albert Montagut (Barcelona, 1957) narra en Newspaper, nos pone en situación de lo que representó la irrupción de los sistema informáticos digitales en las redacciones de los diarios. Y, más que las nuevas herramientas electrónicas, lo que realmente revolucionó el mundo fue la llegada de Internet. Esto que en su ensayo cuenta como “las autopistas de la información”, que tanto escuchábamos a principios de los años noventa sin tener muy claro qué era y qué cosas iba a hacer posibles en un futuro que ya estamos viviendo hoy.

Pero esta experiencia que Montagut cuenta, ligada a la prensa escrita, no estuvo circunscrita solo a este tipo de medios. Los que vivieron aquella época desde la redacción de informativos de la cadena SER, por ejemplo, reconocen también el extraordinario revulsivo que supuso la instalación de un ordenador conectado a la Red de redes. En este sentido, el relato del autor sobre cómo al principio los periodistas se acercaban tímidamente a este invento, es extrapolable a lo que se vivió en la radio, e imagino que de la misma forma ocurriría en la televisión.

Quedarse sólo admirando las enormes posibilidades de obtención de información que otorga Internet sería quedar en lo superficial. Más allá de la gran hazaña tecnológica que, como después se ha ido viendo, ha sacudido las formas de trabajar el periodismo, está la dimensión plural que ha adquirido la labor de informar y el mayor acceso que posibilita que el ciudadano tenga más posibilidades de conocer la verdad. La multiplicación exponencial de medios de comunicación ha cambiado el paisaje que se tenía establecido desde hace décadas y eso ha repercutido a nivel social y político.

Cierto es que al principio pocos en España se atrevieran a dar el salto. El print era algo demasiado instituido como para soltarse y dejarse caer al vacío. Toda esta vanguardia que aquí sonaba a chino, como siempre, una vez más, venía de los Estados Unidos de América. Cuando gurús como Negroponte ya tenían en su cabeza buena parte de la estructura de lo que más tarde sería esta era digital, en España, en las redacciones de algunos periódicos aún quedaba alguna Hipano Olivetti en algún rincón que a veces todavía hacía su papel. Pero, sin duda, lo más excitante que nos llegaría del otro lado del charco serían las nuevas publicaciones, que iban a tener una agilidad e independencia que las ediciones impresas no tenían al estar más controladas por el poder político y financiero. Aunque periodistas incómodos y comprometidos con la verdad los ha habido en todas las épocas, el hecho de que el Drudge Report pusiera en jaque a Bill Clinton y revelara su asunto con la becaria, hacía presagiar que la era de Internet iba a traernos una prensa sin tabúes, difícil de intervenir y con una libertad para informar poco conocida hasta entonces.

A todo esto cabe añadir la gran avalancha del llamado “periodismo ciudadano”, nacido al calor del fenómeno de los blogs que han tejido todo un sistema neuronal, que permite un flujo incesante de opinión y formas de pensar, que las redes sociales han redimensionado y por las cuales cada uno de nosotros, de forma individual, puede ser un medio de comunicación. Algo que está removiendo los conceptos que tenemos sobre medios y periodismo, que languidecen ante la nueva realidad. Además, otros fenómenos nativos digitales como Wikileaks, están poniendo la información en manos del pueblo. Algo que hasta ahora estaba reservado a los círculos de poder e influencia.

Un tema aún no resuelto es la viabilidad económica. La gratuidad de la información asociada a Internet choca frontalmente con las pretensiones de la empresa periodística. Las ideas que exponen sobre diversificar contenidos más amplios y convertir algunas secciones en “zona de pago” no queda muy claro que vayan a funcionar. La gran cantidad de oferta informativa es lo suficientemente grande como para que el ciudadano del futuro, abocado a una vida precaria (vistos los acontecimientos), no pueda ni quiera tributar por algo que puede conseguir de forma libre a través de su portátil y con solo un click. Ya se pensó en muchas fórmulas cuando la copia y la descarga digital pusieron a la industria discográfica contra las cuerdas y nada funcionó, hoy esa industria es una sombra de lo que fue.

La Historia aún no está escrita y es más que probable que en los próximos años veamos cosas que hoy costarían de creer. Lo que sí queda claro, teniendo como perspectiva el presente, es que el profesional del periodismo se encuentra en el cielo y en el infierno a la vez: por un lado sus posibilidades de conseguir datos, procesarlos y lanzarlos al espacio son prácticamente ilimitados; y por otra ve bastante crudo que pueda conseguir un contrato laboral con alguna empresa online o pueda obtener con su trabajo los suficientes ingresos como para pagar sus facturas.

Vídeo:

Titulares:

La era de Internet desfigura la silueta tradicional del periodismo

El futuro incierto de quienes quieren vivir del periodismo

La era digital arrebata la información a los poderosos

La gratuidad de Internet pone a los diarios contra las cuerdas

La era del periodismo ciudadano

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