No es país para periodistas

Carlos Semp

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La crisis económica mundial vivida en los últimos cinco años ha puesto en serio peligro de subsistencia a grupos de comunicación de todos los tamaños. En España, una buena muestra de ello la tenemos en el grupo PRISA, que ha visto cómo se tambaleaban sus cuentas de resultados. La coincidencia en el tiempo de las turbulencias financieras y la irrupción de la cultura online han marcado las estrategias y la producción del producto periodístico de estos grupos empresariales, que en un principio no vieron factible realizar grandes inversiones en sus versiones digitales y se conformaron con tener una presencia mínima y testimonial en la red, un “estar porque los demás también están”. Dejando aparte consideraciones periodísticas y centrándonos en la parte meramente comercial, hay que reconocer que los alemanes siempre tuvieron un sólido sentido del concepto empresarial, con una larga trayectoria y experiencia en el mundo de los negocios. No en vano, Alemania  ha sido uno de los grandes referentes en la producción de diarios desde hace siglos.

Centrándonos en los datos del grupo mediático Axel Springer, las cifras que se ofrecen recientemente reflejan la buena salud financiera y una atinada planificación  que ha permitido a la empresa tener una expansión por Europa y el mundo. De hecho, su presencia en 32 países lo convierte en todo un gigante editorial mundial, y controla un 25% del mercado de los periódicos. Este gran coloso ha ido creciendo con una agresiva gestión comercial que incluye OPAS y compra de medios en distintos países. Uno de los grandes aciertos del grupo ha sido su política de adquisición y absorción de grandes y pequeños medios digitales. Esto, sin duda, es fruto de una inmejorable estrategia y visión de futuro, que le ha otorgado una presencia en Internet que ya quisieran otros.

Como ya estamos viendo y viene a ser tónica general en los últimos tiempos, el volumen de negocio de los medios online está consolidándose  y superando las expectativas que muchos empresarios y profesionales tenían a principios del siglo XXI. Así pues, Axel Springer reconoce en sus balances que obtuvo unos ingresos de 1.174,2 millones de euros en 2012, solo con sus ediciones digitales,  lo que representa un 22% por ciento más que el año anterior. También reconoce en sus resultados anuales que los ingresos procedentes de las actividades digitales han sido la mayor fuente de negocio del grupo durante el pasado ejercicio. Dicho de otra forma, Internet ha salvado sus cuentas anuales y le coloca por delante, con bastante holgura a una considerable distancia de otros conglomerados de la información. Este sí es inequívoco síntoma de que el mundo ha cambiado. Y con él también lo ha hecho el periodismo, la forma de llegar al público y la manera de venderlo a sus clientes. Es decir, todo.

Ascensión y caída del grupo PRISA

El buque insignia de los medios españoles atravesó uno de sus peores momentos hace cuatro años, cuando se vio obligada a vender parte de sus activos, e incluso algún que otro inmueble emblemático como el edifico de la Gran Vía madrileña, donde tiene la mayoría de sus estudios de radio. La crisis de la publicidad  hizo mella en la cuenta de resultados de la que sigue siendo la mayor concertación de medios españoles. La clave de su declive: la poca presencia en los medios digitales. O quizá una gestión que aún no se mueve como debiera en este entorno. Lo corroboran sus cuentas, que registraron unos ingresos de explotación de 2.644 millones de euros, lo que representa un 2,2% inferiores a los generados en 2011. Bastante por debajo de lo generado por Axel Springer con 3310,3 millones.  Es llamativo que la gran mayoría los productos de PRISA que tienen su versión online, como son los periódicos,  hayan tenido pérdidas significativas. Por ejemplo, su cabecera más destacada, El País, arrojó pérdidas valoradas en 54,4 millones de euros. Solo el diario As obtuvo discretos beneficios.  Lo único que parece tener una pujanza económica viable para el grupo presidido por Cebrián es su expansión radiofónica por Latinoamérica.

En resumidas cuentas, se percibe un deficiente acoplamiento de muchas empresas españolas al nuevo entorno digital, lo que está provocando una paulatina degradación de la prensa española y de las condiciones laborales de los periodistas, sometidos a la precarización de su profesión y el deterioro del producto informativo que llega al público. Es posible llegar a pensar que España no es país para periodistas.

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