Los pasos correctos en el camino adecuado

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El término “fuente” no es casualidad en el periodismo, representa la función esencial que desempeñaban las fuentes en antaño, cuando el agua era todavía un bien del que podían presumir muy pocos afortunados. Las fuentes eran un elemento fundamental para que el agua potable estuviera al alcance de cualquier familia. Sin agua jamás podría haber vida, y sin fuentes, no sería posible el periodismo.

Las fuentes periodísticas son el pilar fundamental de la profesión, son el factor que marca la diferencia entre una buena noticia y una noticia mediocre. Una buena fuente es la que está más allá de la simple apariencia. Nadie aportará nada destacable si no se indaga; discursos preparados, ruedas de prensa, entrevistas no preparadas… son sinónimos de fuentes poco útiles. No irán más allá de un conocimiento general. No aportarán nada que gran parte del público ya sepa. Cuanto más difícil sea acceso a la fuente, mejor será la información que esta aporte.

Mientras que las fuentes de agua están al alcance de cualquiera, una buena fuente de información solo estará al alcance del periodista más inconformista. El conformismo es la razón por la que la imagen del periodismo ha caído en picado en los últimos tiempos. El uso masivo de internet y la aparición de las redes sociales han logrado que algunas fuentes potenciales puedan estar al alcance de cualquier usuario. Este hecho ha permitido dar la impresión de que cualquiera pueda ejercer como periodista desde el sofá de su casa. Cualquiera puede crearse un blog donde publicar artículos y consultar datos e información en la red para poder documentarse.

Pero el problema no radica en esta globalización, que pone la información al alcance de todos. El problema está en los verdaderos periodistas que se conforman en ser uno más de este nuevo universo informativo. Internet debe ser una ventaja para el ejercicio de la profesión, no una razón para acomodarse.  Las redes sociales deben ser un buen complemento de la realidad, pero jamás deben sustituirla. La escuela del periodista es la calle, y las mejores fuentes se encuentran en ella.

No se podrá encontrar nada destacable en algo que esté al alcance de todos los usuarios de internet. La verdadera información está oculta y no se encuentra a solo un clic del ratón. Las mejores fuentes están en el cara a cara, en una conversación en una cafetería, en coger un teléfono en el momento idóneo o en la pregunta adecuada. Son en esas situaciones en las que se estará ejerciendo el periodismo como se ha hecho desde los inicios de la profesión. No se trata simplemente en buscar, encontrar y seleccionar, es una tarea de mantenimiento, de saber ganarse la confianza de la fuente, factores que no se encuentran en un mundo tan deshumanizado como internet, donde el engaño sale favorecido.

Cualquier pregunta que pueda desencadenar en una conversación valdrá más información que una eternidad ojeando las webs de los principales medios o páginas de informes. La capacidad de saber con quién hablar, de qué hablar y de cómo hacerlo para conseguir la información necesaria, una misión que se encuentra lejos del teclado y la pantalla y muy cerca del portal de una institución. Los políticos conocen la profesión casi tan bien como los propios periodistas. Buscar el equilibrio perfecto para que la confianza haga el resto. Los políticos no dudarán en acudir a la prensa para mostrar una imagen que les favorezca ante el público. Si el periodista es capaz de dejar un buen anzuelo, tendrá a su alcance información privilegiada. Pero ante todo, debe ser el político quien muerda el anzuelo. Si es al contrario, la imagen imparcial que debe dar el periodista saldrá muy perjudicada y de nada servirá ganar la confianza de una fuente cuando en el mismo momento pierdes la de otras 10. La delgada línea entre lo profesional y lo personal puede jugar malas pasadas. El amiguismo puede hundir al mínimo error la carrera de un periodista.

Política y periodismo son 2 senderos que entrelazarán sus caminos en más de una ocasión. Las fuentes acercarán poco a poco al periodista a las más altas esferas desde los niveles más bajos. Es el camino que el periodista solo puede recorrer por sí mismo, un camino plagado de trampas que debe evitar por el bien de su carrera. El periodista será un actor de la sociedad, un actor que debe gustar al político correspondiente. Y si su papel merece la pena, quizá empiece a gustar a muchos y a molestar a unos pocos. Será señal de buen síntoma.

Ese será el inicio de una carrera sin meta fija, el destino lo marcarán las fuentes y la guía será la verdad. El mismo sendero que el periodismo lleva recorriendo desde antaño, internet debe ser una ayuda, quizá un atajo, pero nunca un vehículo que atropelle la tradición de una profesión que se debe respetar. Porque sin fuentes no habría periodismo, y “donde no hay periodismo, hay (más) corrupción”. [Paul Starr]

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