La verdad dicta sentencia

foto de carnet de aitorPR03_glass_250313_Aitor_Soler_Luzón

El caso de Stephen Glass conmovió al periodismo en los Estados Unidos a finales de los 90. ¿Cómo un medio tan prestigioso como The New Republic pudo ser estafado de una manera tan simple? La respuesta puede ser incluso más sencilla.

A finales del siglo XX, el periodismo comenzaba a evolucionar. Limitarse a informar significaba estancarse ante la gran cantidad de recursos emergentes, y sobre todo, ante las nuevas competencias, cada vez mayores en número y calidad. Había que innovar, sorprender al lector para ganar su fidelidad.

Antes de la publicación del famoso artículo que colmó el vaso, El paraíso del Hacker (Hack Heaven), The New Republic ya había recibido algunas advertencias que señalaban a los artículos del prometedor Glass. Pero tanto el redactor jefe Michael Kelly como sus compañeros salieron en defensa del por aquel entonces periodista. ¿La razón? Sus noticias estaban consiguiendo que la revista aumentara sus ventas. Por lo tanto, si alguien debía delatar al impostor, debería ser alguien ajeno a la empresa, como lo fue Adam Penenberg.

La gran arma de Glass, su facilidad para crear noticias que llaman la atención al espectador se volvió en su contra. Penenberg, redactor de Forbes, leyó con atención la noticia sobre Ian Restil, el osado hacker que fue contratado por la compañía Jukt Micronics, empresa que se vio obligada a tratar con el joven tras que este pirateara su portal web. La noticia era tan divertida que Adam Penenberg decidió investigarla más a fondo. Era el principio del fin de Glass.

Adam Penenberg fue quien destapó las mentiras de Stephen Glass

Adam Penenberg fue quien destapó las mentiras de Stephen Glass

Penenberg, apoyado en sus conocimientos en internet, descubrió que la empresa Jukt Micronics no existía. Por lo que Penenberg, acompañado de su superior, Kambiz Foroohar, decidió ponerse en contacto con el nuevo redactor jefe de The New Republic, Chucks Lane, que no sería tan confiado como Kelly. Lane obligó a Glass a llevarle al lugar donde se hizo supuestamente el acontecimiento, y Glass, pese a que intentara defender su honestidad con excusas hasta el último momento, acabó admitiendo su fraude.

Su invención le costó su carrera. Tiempo más tarde se descubrió que cerca de la mitad de sus artículos también eran falsos. Su gran imaginación acabó siendo su tumba profesional, la tumba que él mismo había cavado con tantas mentiras.

The New Republic decidió hacer lo que su reportero solo hizo como último recurso, rectificar y disculparse. La revista dejó atrás una supuesta rivalidad con Forbes para que fuera la verdad la que juzgara el acto de Glass, y así lavar la imagen del medio y reivindicar la verdad del periodismo, como hizo Penenberg en su artículo Lies, damm lies and fiction.

  1. La historia de Stephen Glass es de finales de los 90, pero lamentablemente se podría seguir dando, al menos en España. Las mentiras en la prensa nacional, hechas a conciencia o no, son una constante demasiado habitual. Sigue pareciendo demasiado fácil burlar el contraste de fuentes de los grandes medios, algunos de ellos siguen movidos por la tentación de la instantaneidad y caen en las trampas de las redes sociales, una herramienta con grandes potenciales pero a la que se le da mal uso.
  2. El corporativismo es un mal que hay que extirpar. La imagen de Chuck Lane obligando a Stephen Glass a demostrar la veracidad de su noticia es el ejemplo perfecto de cómo ha de ser un redactor jefe para que el producto periodístico no pierda calidad. En los últimos tiempos el ser periodista se ha convertido en el argumento de defensa más usado. Como si por el mero hecho de serlo supusiera un permiso para escribir lo que fuera. El periodista debe ser consciente de que su mensaje puede llegar a una gran masa, y debe ser responsable.
  3. Una de las razones por la que el anterior redactor jefe Kelly y el resto de compañeros defienden a Glass de acusaciones seguramente sea el corporativismo. La otra es el éxito que tienen sus artículos entre el público, que convierten a Glass en una estrella. El periodista comienza a ganarle protagonismo a la noticia, e importa más “quién” lo escribe que el “qué”. Esto conlleva a crear un público fiel, una ventaja que no se ha sabido emplear. Los medios han decidido por optar darle al público lo que quiere ver. Ser comercial no debe significar alejarse del periodismo. Aunque algunos, como Stephen Glass en su día, no dejan que la verdad les estropee una buena noticia.
  4. Otros medios sí saben adaptarse a la comercialidad. El fraude fue el camino elegido por Glass para colocarse en un lugar privilegiado de la redacción de The New Republic y para atraer a los lectores, pero su mentira fue descubierta. Forbes, un medio digital pionero, fue quien destapó su farsa y se ganó la confianza que la revista perdió. Ser comercial es reinventarse dentro del periodismo. Hacer investigación más detallada, ofrecer nichos de temas aún por explotar, ser atrevido en el diseño o aprovechar las ventajas que ofrece internet y aún no se han explotado es también hacer periodismo.
  5. La película deja al final un mensaje simple pero eficaz. “Nada de esto hubiera pasado si hubiera ido acompañado de una fotografía”. Desde entonces, la imagen ha dado un paso adelante en el periodismo. Ha dejado de ser un elemento complementario para convertirse en un aspecto clave, incluso en algunos medios, independiente.

Los medios tradicionales, al menos en España, son los que más han traicionado al periodismo polarizando sus ideologías con la intención de atraer y mantener a un público fiel. Algo que queda demostrado en portadas valorativas en exceso que hacen dudar del rigor informativo de los medios.

Sin embargo, medios que han salido hace relativamente poco, han conseguido innovar en el periodismo de una manera ejemplar. La revista Proyecto Panenka ha logrado atraer a los lectores ofreciendo un sector de información deportiva alejado del sensacionalismo tan explotado y volviendo a los orígenes de la profesión con la suscripción. Otro ejemplo es el portal JotDown, que aprovecha la ausencia de límite de espacio en internet para ofrecer entrevistas que no se podrían ver en otros soportes.

Algunos tradicionales apuestan por que el periodismo no tiene futuro, en mi opinión, el futuro es el único camino que le queda al periodismo, y está por explotar.

Advertisements
This entry was posted in Uncategorized and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s