El reportaje televisivo, la riqueza sin límites de un género periodístico

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Por octavo año consecutivo las Jornadas Internacionales de Periodismo de la UMH nos acercaron a algunas de las figuras del periodismo que están destacando ahora mismo por algún aspecto de su trabajo en los medios. Estas jornadas han estado marcadas casi monográficamente por el reportaje desde el punto de vista televisivo. En esta edición compartieron mesa nombres como José Miguel Almagro, Gema Soriano, Teresa Orquín, Francisco Ballester, Carlos del Amor, Gonzalo del Prado o Julieta Rudich, de la televisión estatal austriaca, entre otros.

Una de las intervenciones acertadas fue la de Gonzalo del Prado, conocido por su trabajo en Antena 3 TV. Su exposición realista de lo que supone el tiempo a la hora de contar historias en un reportaje es un aviso a navegantes de lo que los jóvenes periodistas se encontrarán cuando se incorporen a la profesión. Sobre todo, hizo hincapié en la lucha por el minuto en el quehacer del reportero televisivo. El saber acostumbrarse a poder contar una historia en un corto intervalo temporal. Y, algo todavía más desafiante, el tener la pericia de montar todos los elementos de un reportaje con la rapidez que exige el medio, que en la mayoría de los casos es vertiginosa.

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Pero, al margen de las caras conocidas de las cadenas nacionales, una de las partes  –nuestro juicio–   más interesantes de las jornadas fue el showroom de reportajes televisivos que presentaba Salvador Giner junto a varios componentes del documental titulado “Haití busca un futur”, de Dossier de Canal 9. Nos pareció muy interesante el testimonio de Maite Vicente, que resaltó la parte excitante de trabajar sin una planificación cuadriculada, en un entorno de cierta dureza como el de Haití, con seis días por delante para plasmar una realidad en poco menos de media hora de cinta. El riesgo de estar en un lugar inseguro, la improvisación y el cambio de planes constantes merced a las circunstancias, marcaron la pauta de este trabajo en la isla caribeña, señala Maite. Admite que cuando un puñado de profesionales trabajan en un entorno así, se acaban los periodistas estrella y comienza el verdadero trabajo en equipo.

En otro orden de cosas, la intervención de Gema Soriano, de TVE, tuvo como apunte relevante el intento de su programa por ser cada vez más participativo. En este sentido, Gema hizo referencia, como primicia en estas jornadas, a su intención de instituir la figura del “redactor invitado”. Una fórmula que según explicaba la directora de Repor, serviría para que alguien ajeno al medio pudiese participar en cada entrevista aportando preguntas, añadiendo al espacio un carácter más plural.

Una de las figuras del periodismo más esperadas de estas octavas jornadas fue Carlos del Amor, quien está destacando por su particular forma de hacer mini reportajes en la sección cultural de los informativos. Buena parte de su discurso estuvo centrada en la necesidad de aportar originalidad y asumir algunos riesgos a la hora de diseñas la puesta en antena de las informaciones. Se lamenta de la mediocridad de muchos profesionales que se dedican a “copiar tal cual las notas de prensa” y animó a los nuevos periodistas a buscar “el otro lado” de las cosas para darlo a conocer al público y crear un producto diferente y ante todo atractivo, En ese sentido advirtió lo fácil que es perder la audiencia en el entorno de competencia tan grande que ha creado la salvaje proliferación de medios de comunicación, tanto televisivos como on line.

Carlos del Amor explicó que para poder vender al editor de un informativo algo tan aparentemente poco relevante como una exposición de caracolas, debes desarrollar ciertas habilidades para convertirlo en una propuesta seductora. No obstante la brillantez de su trabajo queda un poco empañada por sus gestos y forma de hablar ante el público (fuera de la televisión), propias de una persona bastante pagada de sí misma.

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El renacer del periodismo libre

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Luisma

La libertad de expresión del periodista termina donde empieza su sueldo. Decimos del periodismo que es el cuarto poder, y en mi opinión, eso es lo que debería ser, pero no lo que realmente es. Quiero decir, que los que nos queremos dedicar al periodismo y, al mismo tiempo, vivir de él (parece mentira que en los tiempos que corren haya que hacer semejante aclaración), tenemos difícil el poder gozar de una completa libertad de expresión por aquello de “No morder la mano de quien te da de comer”. A estas alturas todos sabemos que detrás de los medios hay intereses, y detrás de esos intereses hay dinero, y eso se acaba traduciendo en las publicaciones del propio medio, firme quien firme la publicación.

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La Marea es un medio, creado por una cooperativa, que lucha precisamente contra eso, lucha por publicar una información libre. Cuando digo libre, no quiero decir objetiva, ni quiero decir completamente imparcial, porque eso, como todos sabemos, es imposible. Cuando hablo de prensa libre, hablo de que publican lo que quieren y como quieren, sin ser presionados por esa “mano que les da de comer”. Y todo esto lo han conseguido porque la mano que les da de comer es una asamblea en la que todo aquel que lo desee puede entrar y tener derecho a voto, previo pago de 1000 euros, porque como no se han colocado a ningún pez gordo detrás, se tienen que mantener de algún modo, ya que además, los beneficios que les aporta la publicidad son, como mucho, el 10% de los que tiene el medio y esto es, de nuevo, para que nadie pueda condicionar lo que se publica desde fuera.

Si hubiera más medios así, o si todos fueran así, estaríamos hablando de una opinión pública mucho más rica, mucho más pura y, por supuesto, mucho menos manipulada de la que tenemos en España. Y es que, independientemente de las ideas que muestre La Marea como medio, lo que cabe destacar es su lucha por no ser manipulada. Cada lector tendrá sus opiniones, y claro está que la línea editorial de La Marea no puede satisfacer la de todos los usuarios de prensa escrita, por esto mismo, si existieran medios que emitiesen opiniones completamente opuestas a las de este periódico, pero estuvieran financiados de la misma forma, y tuvieran la misma política de empresa que tiene la cooperativa MásPúblico, estaríamos hablando de una prensa libre, y por consiguiente un lector mucho más libre, mucho mejor informado. Entonces hablaríamos sin miedo a equivocarnos del periodismo como cuarto poder real.

Quizás no sea necesaria una cooperativa para poder llegar a publicar información libre, pero volvemos a lo de antes, un medio de comunicación no se mantiene sólo, y para hacer frente a gastos de tal envergadura hace falta un dinero que, si parte de una sola persona, o de una agrupación o empresa poderosa, tendrá como consecuencia que las ideas publicadas por el medio serán las de esa empresa, por tanto, pocas opciones quedan para hacer periodismo libre, y una de ellas es la que ha utilizado la cooperativa MásPúblico, y ya sea porque “El hambre agudiza el ingenio”, porque su vocación periodística no estaba dispuesta a soportar más golpes como el que recibieron con el diario Público, o por el motivo que sea, lo cierto es que ha salido a la luz un medio con hambre de libertad y de verdad y que se aleja de la manipulación.

Según expuso Toni Martínez en la charla que dio en la Universidad Miguel Hernández de Elche el pasado 10 de abril, las banderas de su medio, La Marea, son las siguientes: Libertad, Igualdad, Laicidad, Defensa de lo público, Economía Justa, Memoria Histórica, Movimientos sociales, Trabajo digno, Medio Ambiente, República, Vivienda digna, y Cultura libre. Los rasgos editoriales que nos presenta este periódico mensual, están perfectamente adaptados a los tiempos que corren y a las necesidades de los usuarios, habiendo participado estos, además, en la elección de los mismos, y dejándolos claros desde el principio de los días de este joven medio.

Esta publicación no esconde sus ideas, pero al mismo tiempo, sin faltar a estos principios, pretende ser lo más objetivo posible; como muestra de ello, podemos ver entre sus páginas una aclaración de un artículo que recibió ciertas críticas por parte de algunos usuarios, en la que se explica claramente que éste era un artículo de opinión y únicamente eso, de una persona bastante cualificada sobre el tema que se trataba, asimismo, señalaban que quizás debieron haber publicado otro artículo expresando una opinión contraria a la que se mostró para tratar así el asunto con mayor objetividad, y se disculparon por no haberlo planteado. Un forma más de demostrar que el medio también es propiedad de sus lectores.

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La prensa en papel ve la luz al final del túnel

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Luisma

El ensayo que Albert Montagut nos ofrece, respaldado además por periodistas de renombre como Juan Luis Cebrián o Pedro J. Ramírez es, me atrevería a decir, necesario. El paso de la prensa en papel al periodismo digital es el tema que ocupa al autor a lo largo del libro titulado Newpaper –Cómo la revolución transforma la prensa-. La necesidad de una publicación de estas características se constituye en torno a un periodismo acomodado que quizás no ha sabido adaptarse como debiera, o mejor, cuando debió hacerlo, al inminente cambio que supuso la era digital desde sus principios. No es que una obra así llegue tarde, es que quizás, si los periodistas se hubieran adaptado a los tiempos desde el momento en que debieron hacerlo, nunca hubiera sido necesaria una obra de estas características, quizá un libro explicativo de cómo se dio el cambio del print al digital entre los profesionales de la comunicación y de la información, a modo de historia, pero nada más. La necesidad de publicar este libro existe porque todavía no se puede escribir el cambio, o al menos no el cambio definitivo.

Cuando Montagut repasa sus primeros pasos por la red, desde la dirección del diario ADN, igual que los de sus compañeros en ése y en otros medios, se pueden ver los miedos casi normales de alguien que afronta nuevos proyectos sin saber a dónde irán a parar. Y quizá hasta ese punto llegaron puntuales; me explico: los diarios llegaron a su versión digital al tiempo que debieron hacerlo seguramente, pero una vez llegados a ese punto, llegó el acomodamiento, el desorden, el descontrol y la falta de frescura a la hora de comunicar e informar. A día de hoy, y como consecuencia de las nuevas tecnologías, la red en general, y más concretamente blogs, redes sociales y plataformas en las que cualquier usuario puede informar u opinar, la información no tiene dueños. No es más válida por el simple hecho de venir de un periodista, por duro que suene. El periodista hace más válida la información en tanto en cuanto pueda ofrecer un punto de vista que no pueda ofrecer, per se, un ciudadano de a pie. Y eso quizás, es lo que falta en las redacciones de los medios digitales. Ése podría ser uno de los infinitos puntos de adaptación por los que tiene que pasar el periodista, en el camino que se le presenta entre el papel y la pantalla. Llegados a un punto en que todo el mundo informa y opina, es fundamental desmarcarse como periodistas y ofrecer algo que el resto no ofrezca, incluso marcar el territorio sabiendo que como profesionales de la información, ofrecemos algo que el resto no puede ofrecer.

En cuanto a la extinción de la prensa en papel, soy de los que piensa que no tiene porqué desaparecer por completo, por supuesto dejará de existir como la conocemos ahora, pero quizás otra solución sea que la prensa papel se adapte también a las nuevas tecnologías en lugar de dejarse arrollar por ellas. Quiero decir, a la larga será complicado que exista una prensa en papel publicada diariamente, pero no tiene porqué dejar de existir un periodismo en papel de publicaciones menos frecuentes que traten de darle otros puntos de vista a lo que se puede leer en la red, o publicaciones especializadas, que al menos de momento, no se han encontrado con el problema de que cualquiera pueda tratar esos temas.

Por otra parte, creo que un punto complicado en el paso del periodismo en papel al periodismo digital son las soluciones económicas, aunque ya existen medios para cobrar la prensa digital, no sé hasta qué punto pueden llegar a funcionar, por lo dicho anteriormente, cualquiera tiene acceso a información gratuita hoy en día, como para abonar un dinero a cambio de ella.

Una de las cosas que señala Montagut en su libro, dentro de la necesaria adaptación del periodista a los tiempos que corren, que es el periodista “Todoterreno”, una idea que es conocida por todos, y que algunos llaman súper periodista, una opinión que se está generalizando en la profesión, seguramente debido a los tiempos que corren, y con la que yo, personalmente, no estoy del todo de acuerdo. Si bien es cierto que, a más preparación, más posibilidades de trabajo tenemos, también considero que, si se mantienen las especializaciones dentro de la profesión, habrá más puestos de trabajo y se desarrollarán de mejor manera, puesto que a veces no se puede estar en todo.

Por último quiero destacar que según Montagut “no se puede ser amarillo, se ha de ser serio o entretenido, pero no amarillo”, y eso es algo que parece haber olvidado cierto sector (relativamente amplio) de la prensa del país, lo cual le hace flaco favor a la profesión.

Titulares:

  • Del papel a las pantallas, un camino complicado para el periodismo español
  • Periodismo renovado, periodismo adaptado
  • Montagut, un ejemplo de adaptación periodística
  • Newpaper muestra el camino a seguir
  • La nostalgia por el papel no conduce a nada
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Axel Springer pesca con la red

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Luisma

Al parecer no todos los sectores del periodismo están en crisis, o al menos no en todas partes. El periodismo en España sí, por supuesto, como casi todo, pero en los países en los que la crisis económica ha sido menos aciaga que para nosotros, el periodismo ha seguido adelante y aunque en ocasiones desde la España venida abajo que poblamos no lo parezca, se puede vivir de él. Las cuentas del grupo de comunicación alemán Axel Springer, el coloso teutón de los medios de comunicación que campa a lo largo y ancho del planeta, sigue ganando dinero y sigue extendiendo su imperio en un momento en el que parecía que nadie podía hacerlo.

Quizás si nos pusiéramos a analizar los sectores económicos de ambos países, Alemania ganaría a España por una amplia goleada y se impondría, absolutamente en todos a nuestro país. Pero en lo que nos ocupa y nos afecta, el periodismo, la profesión a la que nos queremos dedicar el día de mañana, resulta estremecedor ver cómo no es que ganen más que nosotros, no es que nuestro periodismo malviva y el suyo sobreviva más o menos. Es que nuestro periodismo no deja de perder dinero, hasta el punto de la quiebra, ERES y cierres en muchos casos, y el suyo gana dinero “a espuertas” y no parece estar en peligro. Algo por lo que cabe darles la enhorabuena sin entrar a valorar su manera de ejercer la profesión o de vender información y entretenimiento.

Es obvio que, como decíamos, no podemos competir económicamente con los germánicos absolutamente en ningún campo a día de hoy, pero vayamos, otra vez más, a lo que nos afecta directamente a los profesionales y futuros profesionales de la comunicación y de la información. Quiero decir, probablemente si lo hiciéramos igual de bien que los alemanes en nuestro campo, o incluso mejor, seguiríamos por debajo en lo cuanto a ganancias por el contexto económico que se está dando ahora mismo en ambos países. Sin embargo, ni aun necesitándolo más, estamos siendo capaces de competir en un mercado de prensa internacional. Supongo que serán varios factores los que nos llevan a esto, pese a que no los conozco exactamente, pero algunos de ellos sí que resultan bastante evidentes a simple vista.

Un claro ejemplo de algo que hacen bien los Alemanes de Axel Springer, sale a relucir en la nota de prensa que parte del propio diario y en la que su titular deja claro uno de los motivos de su éxito a nivel internacional: “Las actividades digitales se convierten en la principal fuente de ingresos de Axel Spinger”; Así reza el título que perfectamente podría resumir, siendo ágiles, una de las principales razones por las que la economía periodística germana, se encuentra a años luz de la española. Algo debemos estar haciendo mal con respecto a la adaptación de la comunicación a la era digital y las nuevas tecnologías. En España nos hemos acomodado con lo que teníamos hasta ahora, una prensa en papel con un público al que se arengaba con ideales políticos cada vez más extremistas, y con el morbo de fácil interés que tanto triunfa porque es, prácticamente, lo que más oferta tiene en el país. Y lo que ha ocurrido es, que si la máxima “renovarse o morir” sirve en todos los aspectos de la vida, todavía es más aplicable en nuestra profesión, de manera que si hubiéramos sabido adaptarnos como tocaba a la inmensa cantidad de posibilidades que se nos presentaban y presentan, cada día más, en el mundo digital, muy probablemente nos cantaría otro gallo. Sólo queda intentar engancharnos a esa evolución como podamos e ir remontando, con la intención de llegar algún día a tener un periodismo que nos permita vivir de él y sobre todo que no pierda la esencia de periodismo, que visto lo visto a estas alturas, parece bastante difícil.

Por último, y a modo de reflexión personal, me gustaría señalar el hecho de que, fuera de nuestra profesión y algunas más, muchas de las personas que se están viendo afectadas por la crisis y tienen cierta formación académica, están optando por salir a buscar trabajo al extranjero. Y eso es algo que muchos estudiantes de periodismo estaríamos dispuestos a hacer, pero que nos lo impide una barrera muy grande, puesto que en otros casos, basta con conocer el idioma de un país, lo suficiente como para conversar y desenvolverte, pero el caso de los periodistas es algo diferente, ya que necesitamos manejar a la perfección el idioma, como herramienta de trabajo que es, y es complicado llegar a esos niveles de manejo de la lengua.

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Suscripción, divino tesoro

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Luisma

La crisis económica ha tocado al periodismo muy a fondo, pero no lo ha hundido. Y no lo ha hundido porque puestos a crear, como exige nuestro oficio, no sólo se han creado nuevos modos de ejercer la profesión, que se han ido adaptando a los nuevos soportes con bastantes dificultades, pero saliendo a flote poco a poco. También se han creado nuevas formas de vivir de ello, de financiar medios y de cobrar a cambio de una información que, desde la era digital, cada vez se escapa más de nuestra potestad. Más que inventar nuevos modos, siendo exactos, lo que se está haciendo en muchos de los exitosos casos de los nuevos medios, y de algunos medios tradicionales que se están adaptando bien a la época, es desempolvar viejos métodos de financiación y que, otrora, resultaron efectivos, así como lo fueron también en otros países en los que, nos guste o no, el periodismo, siempre fue por delante.

Estamos hablando de las suscripciones, esa especie de contratos que los medios firman con sus lectores más fieles, conocidos como suscriptores y que a día de hoy, están salvando económicamente a más de un medio de comunicación. El suscriptor de un medio recibe información fija con cierta frecuencia, estipulada de antes, y con ciertos privilegios con respecto al medio en concreto, a los que el resto de usuarios (si es que tuviera otro público además de los suscriptores), no puede acceder. Sabiendo esto, es de esperar que la mayoría de los medios de comunicación que funcionan por esta vía, estén más que agradecidos a este tipo de lectores, los más fieles, e intenten mantenerlos casi de la misma forma que intentan crecer. Algo que parece mucho mejor, en los tiempos que corren, que acomodarse y esperar a que caigan lectores, o polarizar opiniones, o vender prensa cada día más amarillista, con el objetivo de vender a toda costa y tener un público fijo, que cada vez es menos fijo dada la oferta de prensa e información que existen.

Así, ElDiario.es se ha hecho hueco entre los lectores casi sin enterarnos, y se ha convertido en un medio a tener muy en cuenta en la actualidad y la información que circula por las manos de todo el país, tanto digital como en papel. ElDiario aparece como consecuencia del cierre del diario Público, al igual que otros medios de características similares y con la intención clara de ponerse el periodismo libre como la más absoluta de sus banderas, independientemente de los marcos editoriales en los que las encuadren.

La intención, y sobre todo la puesta en práctica de un periodismo libre, suele llevar consigo, o debería ir unido para no perder un ápice de sentido, cierta transparencia que ayude a demostrar esa libertad de prensa precisamente. Transparencia en todo, dentro de las políticas de empresa que lleve a cabo cada medio. Por supuesto aquí entra la transparencia en las cuentas del medio, para saber de dónde provienen los ingresos del mismo y que nadie está siendo engañado al invertir aunque sea un céntimo en la publicación y funcionamiento del mismo. Y esto es lo que ha querido hacer ElDiario.es por medio de una carta firmada por su director, Ignacio Escolar. En esta carta a sus suscriptores, podemos ver las ganancias del periódico en sus primeros meses de vida, las pérdidas del mismo por pocas que sean en relación a las que se esperaban, los trabajadores que forman la plantilla del medio, de dónde sale todo ése dinero (sobre todo de los propios suscriptores) y adónde va todo ése dinero. Precisamente por el hecho de que gran parte de la base económica del periódico son los mismos suscriptores, se hace necesaria una carta como ésta, que demuestre la claridad y transparencia que el medio tiene para con ellos, y que les de motivos para seguir invirtiendo en él los cinco euros mensuales que hasta ahora habían estado invirtiendo.

Dentro de la carta de Ignacio Escolar a sus suscriptores, cabe señalar que se aprecia un tono halagador e incluso cariñoso, con el fin de mantenerlos, cosa que puede estar mejor o peor vista, pero no deja de ser una táctica más que al fin y a la postre se hace necesaria para la supervivencia del medio. Ahora bien, hay una de las afirmaciones que el director de ElDiario hace en dicha misiva, que se refiere a que los suscriptores llegan a pagar el dinero que pagan en el medio, para que otros lectores y seguidores del mismo que no se lo pueden permitir, también disfruten de él. En ese punto no estoy muy de acuerdo, y pienso que forma parte de esa táctica para ganarse a los suscriptores.

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De la falsa gloria, a un infierno real

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Luisma

De la gloria inventada por el mismo, a un infierno real, al que le condujo la verdad. Ése fue el recorrido que hizo Stephen Glass cuando fue descubierto, según podemos ver, relatado a la perfección, en la película Shattered Glass (en español, El precio de la verdad), que nos muestra hasta qué punto la mentira puede arruinarle la vida a la persona que vive de ella. Sin embargo una cosa es evidente: esto solamente ocurre cuando la mentira es descubierta; si Stephen Glass no hubiera sido desmantelado nunca como el impostor que realmente resultó ser, probablemente a día de hoy seguiría triunfando como periodista ejemplar, como gran buscador y contador de historias, así como lo fue durante el tiempo que consiguió mantener viva su mentira.

Y no sólo los artículos e historias que publicaba Glass eran mentira, el propio periodista, su propia vida dentro del medio para el que trabajaba (la revista The New Republic) formaban también parte de esa mentira, de esa realidad paralela y ese personaje que el joven se había creado alrededor. A todos en el periódico les costó creer que su compañero, o incluso para algunos su subordinado, hubiera inventado y manipulado información hasta los niveles que lo hizo; y dicha incredulidad no se debía sólo a la calidad de sus escritos, ni siquiera se debía a lo inverosímil del caso que de tan de cerca les tocaba. Stephen Glass era un joven y talentoso periodista, o mejor, atribuyamos esos atributos al personaje que éste creó, que caía bien a todos sus compañeros, estaba pendiente de todos y era, no sólo un ejemplo de periodista, sino también un ejemplo de persona.

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El actor Hayden Christensen en una escena del precio de la verdad, película en la que interpreta a Stephen Glass.

Ahora bien, la mentira de Glass tuvo las patas cortas, o Adam Penenberg, el periodista de la revista digital Forbes tuvo “las patas más largas” que la mentira de Glass, y destapó la impostura de su compañero de profesión, de manera que fue despedido de The New Republic, e incluso de su profesión, ya que nunca volvió a ejercer el periodismo. Penenberg parecía el malo de una historia que sí fue real, a diferencia de las que contaba Stephen Glass en el medio para el que trabajaba, y quizás fuera el más honesto. Si bien es cierto que quizás se dejó llevar por el sorprendente éxito de su competencia y que él mismo no era capaz de alcanzar, los resultados fueron los adecuados según el devenir de los acontecimientos.

Lo preocupante, a mi parecer, en toda esta historia, no es la misma en sí, sino todas las que se dan de manera similar a diario en los medios de comunicación de todo el mundo, o más concretamente de los españoles, que son los que conozco, las verdaderamente preocupantes. Quizás por la gravedad del caso, quizás por la repercusión que tuvo, o por el motivo que fuera, el caso de Glass y The New Republic acabó correctamente, y mientras se daba, era algo desconocido para propios y foráneos del medio hasta que fue destapado. Sin embargo, y esto es lo grave del asunto, frecuentemente, casi a diario (y digo casi, por ser benevolente), se ven casos de manipulación y mentiras en los medios de comunicación que, probablemente no sean tan graves como las de la historia que nos ocupa, pero sí son conocidas y sabidas por todos, y siguen ahí, buscando clientes en lugar de lectores, como si de cualquier producto se tratara. No creo en un periodismo completamente objetivo, pero todavía creo menos en un periodismo manipulador, que ni siquiera merecería llamarse periodismo. La prensa amarillista, sensacionalista, y que únicamente busca vender a toda costa sin importar la verdad, la ética o los valores que algún día el periodismo llevo por bandera y que parecen estar más que olvidadas, están matando esta profesión, y el caso de Glass es un claro ejemplo de ello, pero a mi juicio no es el más grave, ya que fue cerrado en el momento en que se descubrió, en lugar de ser indultado como ocurre a diario con las mentiras que se llegan a publicar.

Ante esto es fácil perder la esperanza, pero por suerte existen medios que intentan renovar el periodismo y darle frescura, hacerlo de otra forma, mejor o peor pero con mucha más transparencia, como son los casos, por poner algunos ejemplos, de La Marea, Diagonal, ElDiario.esetc…

Al ver esta película he llegado a cinco conclusiones claras:

1)      Las mentiras en la prensa, no sólo deben ser repudiadas, sino cesadas y señaladas como merecen serlo.

2)      El periodismo que se estanca y no se renueva, acaba por acomodarse y buscar lectores con el periodismo fácil y la manipulación para crear un sector de público fijo o mantener el que tenía.

3)      Entre los periodistas hemos de luchar contra este tipo de cosas y no indultarlas como si no ocurriera nada.

4)      El propio medio es el primero que ha de cortar estas situaciones de manera ejemplar para que no se repitan, además de disculparse por los hechos.

5)      El periodismo como profesión, como vocación, incluso como forma de vida, merece un respeto que no está recibiendo y que si no fuera por algunos acabaría muriendo.

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Una nueva ola de esperanza basada en los viejos principios

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El derrotismo no va a solucionar nada, es lo que debió pensar Toni Martínez a principios de 2012, cuando él y varios de sus compañeros sufrieron el ERE por el cierre de la edición empresa del Diario Público. No eran (ni son) buenos tiempos para el periodismo, una profesión a la que la crisis económica no perdona, mientras los grandes empresarios hurgan en la herida sin detener la hemorragia. Pero el desolador panorama no iba a detener a Toni Martínez y al resto de sus compañeros, que decidieron unir fuerzas para crear la cooperativa Maspublico, la idea que posteriormente daría a luz a la revista La Marea, un nuevo medio fundado bajo los principios sagrados del periodismo.

El impacto de la crisis económica en el periodismo se ha notado en el despido de muchos profesionales que han visto perder su empleo, pero también ha afectado a las líneas editoriales de los medios. Las grandes empresas de comunicación usan la crisis como una excusa para llevar al límite sus opiniones, defendiéndose en que la situación económica no deja otras alternativas. La aparición de un medio como La Marea desmiente este tipo de falacias creadas en los últimos años alrededor de los medios de comunicación. Una revista que propone la idea que para dar un producto exclusivo no hace falta alejarse del periodismo, ni acercarse más de lo debido a diversos ideales, empresas o campañas publicitarias.

Toni Martínez y sus compañeros decidieron recuperar aquello que el periodismo perdió durante su travesía en el desierto (y del que actualmente aún intenta escapar): la independencia. La base de este proyecto es que lo publicado depende únicamente de los socios que trabajan en la revista, de esta forma, La Marea escapa de las fauces de las grandes compañías que ven en los medios de comunicación una vía para desarrollar sus ideales. Esta política de trabajo permite a la revista crear un producto exclusivo, ausente en cualquier otro medio informativo, y además de mucha más calidad.

La Marea ha basado su línea editorial en el respeto de un código establecido entre todos los socios de la revista. Todo lo publicado debe atenerse a esos principios, y pasar el filtro de la votación de los propietarios. De este modo, la calidad de la revista permanece intacta. Se trata pues, de una realidad que hasta hace nada parecía utópica. La Marea ha creado un nuevo medio basado en la independencia, en la calidad, y lo más sorprendente, cuyo producto estrella es el papel, ya que Toni Martínez considera que “la versión online no es rentable”, y habla del papel en futuro, cuando la mayor parte de las empresas lo hacen en pasado.

El pilar de este proyecto es sin duda la especialización. Ya lo dice el refrán, quien mucho abarca poco aprieta, La Marea antepone calidad a cantidad, tratando los temas idóneos que le hagan destacar dentro del mercado, dándoles un enfoque que llamen la atención al público. Razón por la que el deporte, al contrario que en la mayoría de medios generalistas dónde es uno de los temas estrella, apenas aparece en sus páginas. El secreto está en buscar otros nichos de mercado que hasta ahora nadie ha explotado, pese a que tienen demanda social. No se trata de buscar temas debajo de las piedras, sino de encontrar el enfoque idóneo, algo que La Marea ha encontrado en la transparencia, en profundizar en los hechos y en la honestidad.

Pero se trata de una especialización bastante singular, o mejor dicho, polivalente, y es que ninguno de los periodistas de La Marea posee un puesto fijo en la redacción. Este hecho convierte a la revista en la representante de una nueva generación de profesionales todoterreno que quieren demostrar que se puede ser maestro de varias materias, sin que ello conlleve una pérdida de calidad.

El tiempo juzgará la rentabilidad de un proyecto dispuesto a hacer volver al periodismo a los caudales de los que seguramente no debió salir. Honestidad, transparencia, calidad, independencia… y todo ello bajo el soporte del papel, cuya tradición es el clavo ardiendo al que se agarran Toni Martínez y el resto de integrantes de la revista. Quizá al papel le queden aún muchas batallas que contar, y La Marea quiere aprovecharlo. Veremos si esta ola de esperanza basada en los viejos principios del periodismo llega a buen puerto.

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